Ya es costumbre ver en anuncios por diversos medios de comunicación sobre la venta de lotes de terreno a precios muy bajos y con facilidades de pago. Lógicamente los lotes están ubicados en las afueras de las ciudades, pero por el área, precio y aparente posterior expansión urbana resultará en un negociazo. En efecto, la inversión en inmuebles es una de las mejores si se invierte con conocimiento del mercado actual y futuro.
Sin embargo, detrás de esta aparente ganga se esconden detalles que el promotor inmobiliario muchas veces también desconoce:
1) El terreno lo venden como predio rústico. Como si fuese una pequeña chacra, no está habilitado, es decir no tiene acceso a la red pública de los servicios de agua, desagüe y luz eléctrica, aunque muchas veces ofertan diciendo que sí hay acceso a luz y agua, pero ¿cómo eliminar excretas? ¿Cuánto se gastará en tener ese servicio? ¿qué me garantiza la buena accesibilidad?
2) La supuesta calle de la lotización rural tiene dueño, es decir no es de propiedad de dominio público del Estado, sino del promotor inmobiliario. Además en la mayoría de casos no tiene obras mínimas que garanticen accesibilidad tales como: veredas, afirmado y sistema de drenaje pluvial.
3) El Estado no podría intervenir con obras de infraestructura para fines de recreación pública, así como para servicios públicos complementarios, para educación, salud y otros fines pues la lotización al no ser una habilitación urbana, no hace aportes para estos servicios. Entonces existe el riesgo de vivir en un asentamiento aislado.
4) La valuación del predio es muy inferior a un lote de terreno de similares características pero que sí tiene todos los servicios disponibles y accesibilidad adecuada. Lo que impedirá que acceda a un buen crédito, o acceder a programas de vivienda social del Estado, por ejemplo Techo Propio.
5) La edificación que pretenderá construir en algún momento no podrá ser reconocida legalmente, dado que sobre un predio rústico no puede inscribirse una declaración de fábrica (edificación).
De lo indicado líneas arriba se concluye que es un pésimo negocio, a pesar que aparenta lo contrario, comprar un lote sin habilitación urbana aprobada y/o ejecutada. La informalidad en el mercado inmobiliario no sólo depende del promotor (oferta) sino, y muy importante, también de los compradores (demanda). Es necesario promover campañas de información sobre los riesgos que se corre al comprar lotes de estas características. Las municipalidades son las llamadas a liderar esta concientización a los ciudadanos, informar sobre los beneficios de adquirir lotes con características urbanas mínimas que garanticen la habitabilidad, crecimiento sostenible y resiliencia.
El mercado no se regula solo, por tanto se deben generar políticas públicas con el fin de evitar seguir viviendo en la informalidad promovida por el mismo mercado inmobiliario.
Imagen: Publicidad en la ciudad de Bagua Grande